martes, 18 de agosto de 2009

La senda del mal.

Íbamos caminando, casi eran las cuatro de la madrugada. Yo iba casi arrastrando los pies, tambaleándome mientras trataba de ignorar la conversación que sostenían mis acompañantes, dos señoritas muy lindas que iban un par de pasos detrás de mi. Ocacionalmente nos juntábamos a tomar, me fascinaba verlas bailar mientras yo me acababa de un sorbo el trago de turno. Ambas señoritas tenían un don para moverse al ritmo de la salsa, incluso un par de veces trataron de instruirme, aunque debo decir que no obtuvieron buenos resultados de mi parte. El asunto es que ellas lograban que me sintiera en el cielo, a pesar de no poder hacer lo pasos y mis movimientos torpes. Aún sabiendo que las invitaba para ver sus movimientos y deleitarme con sus piernas, ellas aceptaban sin hacer mayor problema, incluso un par de veces pude ver más arriba, ay que tiempos aquellos.

[Continuará]

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