domingo, 2 de noviembre de 2014

Soy de la vieja escuela



Viendo, curioseando y leyendo, en esta versión de la feria del libro de La Serena, me di cuenta de que coexisten dos tipos de revistas “caseras” en la ciudad; la tradicional revista literaria- cultural-underground del “pegotín” (aquellas revistas en que se toman textos, según las lecturas de los editores, se seleccionan y publican haciendo un documento que rescata a escritores poco conocidos y autores locales) y las que hacen un trabajo editorial completo (las revistas contienen secciones fijas, escritos recientes, artículos, se proclama una idea y se mantiene). Menciono a las revistas –en circulación ̶  “Musaraña” (90´), “Escarnio” (2009) y “Cíclope” (2012) como seguidoras de la tradición que comienza y se mantiene con “Añañuca” (80´); con esta mención, debo aclarar que desconozco si existen otras revistas “tradicionales” en circulación, mis disculpas a los otros u otras que publican y no serán mencionados por ignorancia. Debo también aclarar y caracterizar a estas publicaciones “literarias-culturales-underground”: tiradas de 10 a 150 ejemplares por número, preferencia del texto por sobre el diseño, publicación frecuente de los autores preferidos por los editores, no tienen como objetivo publicar para hacer de esto un asunto rentable (casi todos los ejemplares se regalan). Las primeras tiene como Musa estrella a la Literatura (ya sea poesía, cuento o novela), la otra apuesta por el artículo. Una se sostiene en el tiempo, constante, /estoica/, con uno o dos editores intentando mantener con vida la revista; la otra desaparece y se materializa intermitente a través de los años, con distintos nombres y bajo desiguales orígenes (universidades, grupos, colectivos). Para quien no sepa sobre las revistas literarias de la “vieja escuela” (y con razón, pues sólo las puedes conseguir con sus editores), se trata de escritores locales que utilizan sus revistas para publicar sus propios textos y los de otros (siempre y cuando sean de su preferencia) cada una de las mencionadas arriba tiene una carácter particular (reflejo, creo, de sus editores) que las hace necesarias y únicas –teniendo en cuenta que todas tienen características y origen común ̶ . Añañuca (cuyo único miembro activo y en funciones literarias es Samuel Núñez) con 249 ediciones, mezcla artículos “prestados” desde periódicos y revistas antiguas, poesía local de los 70´ y 80´, arte, música, ilustrado con dibujos propios del autor. Musaraña (representada por el poeta Shakti Kundalini seudónimo de Gonzalo Hernández), con 133 ediciones, publica principalmente poesía chilena, escritores malditos, autores jóvenes de la ciudad, ediciones especiales producto de eventos literarios varios, ilustrado por imágenes tomadas de internet y fotografías de los autores publicados. Escarnio (a cargo de Daniel Cortés y Pía Ahumada) con 43 ediciones, publicando textos de autores consagrados y locales, enfocada principalmente a la literatura equilibrando entre poesía y narrativa, ilustrando con juegos de imágenes de fotógrafos, pintores, artistas visuales. Cíclope (editada por Fernando Vargas) con 12 números, pretendiendo ser una revista delictual –así proclama la portada ̶, publicando revistas con temática azarosa y con marcada preocupación en la diagramación, además de la constante y curiosa aparición de textos del editor y de su “doble” (él mismo) bajo distintos nombres, ilustrada con imágenes también al azar. Durante el tiempo que llevan apareciendo estas revistas, pocos cambios han mellado su estilo; es necesario mencionar que recientemente aparecen las hojas de color en las portadas, imágenes también a color (copias impresas), cambios en el formato e innovaciones en la encuadernación. En un plano personal, he conocido bastantes revistas caseras en los años que llevo perteneciendo al mundillo editorial serenense, menciono estas revistas porque conozco desde cerca a los responsables y la historia de cada una, puedo decir con seguridad que pertenezco a la camada de la “vieja escuela” y recién ahora, en febrero del 2014, me doy cuenta de ello; con esto no pretendo que nos vean como revistas “hermanas”, indiferenciadas y desconectadas con las nuevas publicaciones, simplemente pretendo que asimilen el valor de cada una, conozcan a sus responsables y vean como significativo el aporte que realizan a la comunidad serenense (que por una parte ignora olímpicamente a sus autores locales y por otra pretende que La Serena sea una ciudad cultural –¡ja!).             
(Editorial Revista Escarnio Nº43)

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